Caligaverunt de T. L. De Victoria

by mariapizarroescabia

La injusticia y la misericordia
Luigi Giussani

Si hubiésemos escuchado siempre y únicamente rock o músicas similares, necesitaríamos mucho tiempo para comprender la música clásica. A la primera no la comprenderíamos. Sería como cuando mi padre me llevaba a la iglesia de un sitio a otro, siendo yo pequeño, para escuchar música polifónica, pues le encantaba. Yo me enfurruñaba, porque no encontraba orden en lo que me parecía una gran confusión de notas y voces, pues no intuía la clave. Se me abrió el entendimiento cuando, con trece años, escuché a un coro cantar el Caligaverunt de Victoria. Después de las primeras notas, cuando entra la segunda voz, capté la clave para comprender. Y desde entonces la polifonía me gustó cada vez más. Toda.
Esta música que parece siempre idéntica a sí misma y muchas veces se repite continuamente empezó a embargarme de emoción. Se repite, y sin embargo no cansa nunca, porque ahonda en el alma y ensancha el corazón llenándolos de luz y de calor. Así debió ser el corazón cristiano de Victoria cuando escribía estos responsorios de Semana Santa. Todos los esfuerzos religiosos tratan de interpretar el Misterio. En cambio, el método cristiano repite la palabra escuchada. Repetir, es decir, seguir. No se puede repetir una palabra veinte veces sin verse cambiados.