Juicio Final, Miguel Ángel

by mariapizarroescabia

Miguel Ángel, Juicio Final (1535-1541). Capilla Sixtina, Vaticano.

En 1533 el papa Clemente VII quiso que Miguel Ángel pintase en el testero de la Capilla Sixtina una Resurrección de Cristo, y a la entrada de la misma una Caída de los ángeles rebeldes, esta última idea abandonada en 1534. Su sucesor Pablo III prosiguió en el empeño, pero propuso un Juicio Final. Miguel Ángel hizo el cartón en 1535, los preparativos en 1536 y en 1541 acabó el fresco. Conservamos diversos dibujos de esta empresa. El Juicio provocó una enorme conmoción en la pintura italiana y europea del siglo XVI. El dominio absoluto de la desnudez humana acarreó feroces críticas religiosas y morales, que exigían la destrucción del fresco; éste se salvó con intervenciones puntuales de Daniele da Volterra (1559-1562), que repintó completamente figuras como San Blas y Santa Catalina y cubrió con paños múltiples desnudeces, conocidos como braghetoni, que serán el símbolo de la ñoñez e hipocresía.

El Juicio Final narra todas las postrimerías en una sola escena gigantesca de pavorosa agitación apocalíptica. Con un horizonte bajísimo, el acontecimiento se localiza en el aire, sin profundidad, en primer plano: es el fin de los tiempos y la Segunda Venida. Cristo, rodeado de la corte celestial, está en el centro y en lo más alto de la escena. Imberbe, apolíneo y feroz, juzga con un gesto airado. En los extremos superiores, ángeles sin alas acarrean los atributos de la Pasión, prueba de la infamia humana: debajo del Juez, los apolípticos ángeles trompeteros llaman a vivos y muertos. En la tierra, a un lado, los difuntos resucitan, levitan y ascienden ayudados por los justos; al otro, los demonios arrastran hacia abajo a los réprobos, Caronte los desaloja de su barca a golpe de remo y Midas los guía hacia las profundidades del infierno. Miguel Ángel plasma el pathos del momemto más decisivo de la humanidad con infinitos cuerpos humanos, que se mueven y retuercen en todas las posturas imaginables, y muestra una vez más su genial póetica clásica, cuyo valor central es el ser humano.

Visita virtual de la Capilla Sixtina, Vaticano