Giacomo Leopardi – A su dama

by mariapizarroescabia

Cara beldad que lejos
amor inspiras o escondiendo el rostro,
a no ser que aparezcas,
sombra divina en sueños,
o en el campo en que brille 5
bello el día o la risa de natura,
embelleciste acaso
el inocente siglo que áurea llaman
o, leve, entre la gente
vuela tu alma, o bien la suerte avara 10
te oculta a nuestros ojos, no al futuro?

De contemplarte viva
ya esperanza no tengo,
a no ser que, desnudo y solitario,
por nueva vía, en peregrina estancia 15
mi espíritu te vea. Ya el comienzo
de mi jornada incierta y tenebrosa
te imaginé viajera en este suelo
desierto. Mas no hay nada en este mundo
que se asemeje a ti, y si acaso alguna 20
te igualase en los actos, las palabras
las palabras y en el rostro sería menos bella.

Entre tantos dolores
como a la vida humana marca el hado,
si existieras igual que yo te pienso 25
y alguien te amase, para él sería
la vida más dichosa;
y veo claramente que, lo mismo
que en mi edad juvenil, virtud y gloria
me haría ansiar tu amor. Ahora el cielo 30
no da ningún consuelo a nuestras ansias,
más la vida mortal sería a tu lado
igual a la de aquel que en gloria vive.

En los valles, que oyen
de laborioso agricultor el canto, 35
sentado, me lamento
del juvenil error que me abandona,
y en las colinas, en que evoco y lloro
los perdidos deseos, la esperanza
perdida de mi vida, en ti pensando 40
a palpitar comienzo. ¡Si pudiera
en el tétrico siglo, en este ambiente
nefando, conservar tu imagen pura!
Con ella sola me contentaría.

Si una de las ideas eternas 45
eres tú, a la que de formas sensibles
no vistió el saber eterno,
ni en caducos despojos,
prueba las ansia de funérea vida,
o si otra tierra en los supremos giros, 50
entre mundos innúmeros, te acoge,
y más bella que el sol próxima estrella
te alumbra, y más benigno éter aspiras,
de aquí donde es la vida infausta y breve,
de ignoto amante esta canción recibe. 55

Leopardi, G. (1823) A su dama